Casi todo lo que se cuenta sobre la apnea del sueño describe el mismo mecanismo: la garganta se cierra, el aire no pasa, la persona ronca y se despierta. Pero hay un tipo de apnea en el que la vía aérea está abierta, no hay ronquido y aun así la respiración se detiene. No falla el tubo: falla la orden. Se llama apnea central del sueño y, aunque es mucho menos frecuente, explica algunos de los casos más difíciles de diagnosticar y de tratar.
Esta guía explica qué es, por qué aparece, cómo se distingue de la apnea obstructiva y qué opciones de tratamiento existen hoy, incluidas las recomendaciones publicadas en 2025 por la American Academy of Sleep Medicine. También responde a la pregunta que más nos llega por teléfono: si ya uso una CPAP y no mejoro, ¿puede ser esto?
Qué es la apnea central del sueño
En la apnea central, el centro respiratorio del tronco cerebral deja de enviar durante unos segundos la señal que ordena respirar. El diafragma y los músculos del tórax no reciben instrucción, no hay esfuerzo respiratorio y la respiración se interrumpe. Cuando el nivel de dióxido de carbono en sangre sube lo suficiente, el sistema vuelve a activarse y la respiración se reanuda, a menudo con un despertar breve que la persona no recuerda.
La diferencia con la apnea obstructiva es de mecanismo, no de gravedad. En la obstructiva el cerebro ordena respirar correctamente, pero la vía aérea superior se colapsa y el aire no entra: por eso hay esfuerzo, ronquido y ese jadeo característico al recuperar la respiración. En la central no hay obstáculo que vencer, y por eso puede pasar desapercibida durante años.
Es un trastorno poco frecuente: afecta a alrededor del 0,9 % de la población adulta, frente al 10-15 % de la apnea obstructiva. Pero su distribución no es aleatoria. Se concentra en personas mayores, en pacientes con insuficiencia cardíaca, en quienes toman opioides de forma crónica y en personas con lesiones o enfermedades del sistema nervioso central.
Apnea central y apnea obstructiva: las diferencias que importan
| Apnea obstructiva | Apnea central | |
| Qué falla | La vía aérea superior se colapsa durante el sueño. | El cerebro deja de enviar la orden de respirar. |
| Esfuerzo respiratorio | Sí. El tórax y el abdomen siguen luchando por meter aire. | No. No hay movimiento respiratorio durante la pausa. |
| Ronquido | Habitual e intenso. Suele ser el motivo de consulta. | Puede no existir. Es la razón principal del retraso diagnóstico. |
| Perfil frecuente | Sobrepeso, cuello ancho, hombres de mediana edad, aunque también afecta a mujeres tras la menopausia. | Personas mayores, insuficiencia cardíaca, tratamiento crónico con opioides, ictus previo. |
| Cómo se despierta | Con sensación de ahogo o atragantamiento. | Con despertares repetidos, insomnio de mantenimiento o sin síntoma claro. |
| Tratamiento de base | CPAP como primera opción en la mayoría de los casos. | Depende de la causa. La CPAP es una opción, pero no siempre la mejor. |
Síntomas: por qué cuesta tanto sospecharla
La apnea obstructiva tiene un delator evidente, que casi siempre es la pareja de cama describiendo ronquidos y pausas. La central no siempre lo tiene, y sus síntomas se confunden con facilidad con los de un insomnio corriente o con los de la propia enfermedad de base.
- Despertares repetidos a lo largo de la noche, a menudo sin causa aparente, y dificultad para volver a dormirse.
- Sensación de falta de aire al despertar, o despertares bruscos con ahogo.
- Somnolencia y cansancio durante el día, pese a haber pasado ocho horas en la cama.
- Dolor de cabeza al levantarse, sobre todo en las primeras horas de la mañana.
- Dificultad de concentración, olvidos y cambios en el estado de ánimo.
- Respiración irregular durante la noche, con ciclos que se aceleran y luego se apagan. Es lo que un observador describe como «respira raro».
Un matiz importante: la apnea central y la obstructiva coexisten con frecuencia en la misma persona. La ausencia de ronquido orienta, pero no descarta nada, y la presencia de ronquido tampoco excluye que haya además un componente central.
Los seis tipos de apnea central
No es una sola enfermedad, sino un grupo de situaciones distintas que comparten el mismo resultado. Distinguirlas importa porque el tratamiento cambia por completo según la causa.
1. Respiración de Cheyne-Stokes, asociada a insuficiencia cardíaca
Es la forma más frecuente. La respiración sigue un patrón cíclico muy reconocible: se hace progresivamente más profunda, alcanza un máximo, se va apagando y termina en una pausa, para volver a empezar. Aparece sobre todo en insuficiencia cardíaca y tras un ictus. En estos casos la apnea central no es una enfermedad aislada, sino un signo de que el corazón no está bien compensado, y el primer tratamiento es siempre optimizar la cardiopatía.
2. Apnea central por fármacos
Los opioides son la causa farmacológica más habitual: morfina, fentanilo, oxicodona, metadona y tramadol deprimen el centro respiratorio. El riesgo crece con la dosis y con la asociación a benzodiacepinas u otros sedantes. Es una causa potencialmente reversible, aunque la retirada o el ajuste debe hacerlos siempre el médico que los prescribe.
3. Respiración periódica de gran altitud
Por encima de los 2.500 metros, la menor presión de oxígeno provoca hiperventilación, el dióxido de carbono baja y el estímulo para respirar desaparece durante unos segundos. Es un fenómeno fisiológico y transitorio que afecta a personas sanas y suele mejorar con la aclimatación.
4. Apnea central emergente del tratamiento
También llamada apnea compleja del sueño. Aparece al tratar una apnea obstructiva con presión positiva: se resuelve la obstrucción y entonces afloran apneas centrales que antes quedaban ocultas. Merece un apartado propio y lo tiene más abajo.
5. Apnea central por otras enfermedades
Lesiones del tronco cerebral, tumores, ictus, enfermedades neurodegenerativas, insuficiencia renal avanzada, hipotiroidismo no tratado o el raro síndrome de hipoventilación central congénito, conocido como maldición de Ondina.
6. Apnea central idiopática o primaria
La menos común. Se diagnostica cuando se han descartado todas las anteriores y no aparece ninguna causa identificable.
Cómo se diagnostica
La sospecha nace en la consulta, a partir de los síntomas, los antecedentes cardíacos o neurológicos y, sobre todo, la revisión de la medicación. Pero la confirmación siempre es instrumental.
La polisomnografía completa es la prueba de referencia. A diferencia de la poligrafía respiratoria domiciliaria, que es la prueba adecuada para la mayoría de las sospechas de apnea obstructiva, la polisomnografía registra además la actividad cerebral, el esfuerzo respiratorio y los movimientos. Ese registro del esfuerzo es lo que permite afirmar que una pausa es central y no obstructiva: si el tórax y el abdomen no se mueven durante la pausa, el evento es central.
Se considera que existe un síndrome de apnea central cuando el índice de eventos centrales por hora de sueño alcanza o supera cinco y esos eventos representan más de la mitad del total registrado. A partir de ahí, el estudio se completa según lo que se sospeche: analítica y gasometría si se valora hipoventilación, ecocardiograma si hay sospecha cardíaca, y pruebas de imagen si se piensa en una causa neurológica.
En España esta ruta suele empezar en atención primaria y continuar en una unidad del sueño, con participación frecuente de cardiología cuando aparece un patrón de Cheyne-Stokes. Los tiempos de espera varían mucho por comunidad autónoma, y esa es una de las razones por las que muchos pacientes acaban adelantando el estudio por vía privada.
Tratamiento: qué dice la evidencia en 2026
Aquí está la diferencia principal con la apnea obstructiva. En la obstructiva hay un tratamiento de primera línea claro y muy eficaz. En la central no: la elección depende de la causa, y la evidencia disponible es menos sólida.
En 2025 la American Academy of Sleep Medicine publicó su primera guía de práctica clínica dedicada específicamente al tratamiento de la apnea central en adultos. Un dato revela bien el terreno que se pisa: las nueve recomendaciones que contiene son condicionales, ninguna es fuerte. Significa que la decisión debe individualizarse siempre y tomarse con el especialista, valorando el caso concreto.
El principio que ordena todo lo demás es el mismo en todas las guías: primero se trata la causa. Optimizar la insuficiencia cardíaca, revisar la medicación opioide o corregir un hipotiroidismo resuelve o mejora buena parte de los casos antes de plantear ningún dispositivo.
| Opción | Para quién | Qué se sabe | Precauciones |
| CPAP | Apnea central asociada a insuficiencia cardíaca y casos con componente obstructivo mezclado. | Es la opción más accesible y a menudo la primera que se prueba. | La adherencia es peor que en la apnea obstructiva, porque el paciente nota menos beneficio inmediato. |
| BiPAP con frecuencia de respaldo | Casos con hipoventilación asociada o que no responden a la CPAP. | La frecuencia de respaldo garantiza un número mínimo de respiraciones por minuto, que es justo lo que falla. | Requiere titulación en unidad del sueño. No es un equipo que se ajuste en casa. |
| Servoventilación adaptativa (ASV) | Apnea central de varias causas, especialmente el patrón de Cheyne-Stokes. | Es el equipo más eficaz para normalizar la respiración cíclica. | Contraindicada en insuficiencia cardíaca sintomática con fracción de eyección igual o inferior al 45 %: el ensayo SERVE-HF encontró un aumento de la mortalidad en ese grupo. |
| Oxígeno a bajo flujo | Casos seleccionados, sobre todo con insuficiencia cardíaca. | Reduce el número de eventos centrales en varios estudios. | Datos recientes apuntan a una posible señal de daño. Indicación y seguimiento estrictamente médicos. |
| Acetazolamida | Apnea central de gran altitud y algunos casos idiopáticos. | Actúa acidificando levemente la sangre, lo que estabiliza el estímulo respiratorio. | Fármaco con efectos secundarios propios. Solo bajo prescripción. |
| Estimulación transvenosa del nervio frénico | Apnea central primaria o asociada a insuficiencia cardíaca, cuando el resto ha fracasado. | Es la novedad de la guía de 2025: un dispositivo implantable que estimula el diafragma y reduce de forma marcada los eventos. | Procedimiento invasivo, caro y de disponibilidad muy limitada en España. Se plantea después de haber agotado otras opciones. |
¿Y si ya tengo un equipo en casa, me sirve?
Depende de qué equipo sea y de qué haya detrás de las apneas centrales, pero hay tres situaciones frecuentes que conviene conocer.
Si usas una CPAP y aparecieron centrales al empezar, lo más probable es que se trate de la apnea emergente del tratamiento y que se resuelva sola. Lo correcto es mantener la terapia, seguir los datos de las siguientes semanas y revisar con el especialista si no se normaliza.
Si usas una CPAP y las centrales persisten, la vía habitual es revisar primero los ajustes de presión antes de pensar en cambiar de equipo. Un porcentaje relevante de casos se resuelve ahí.
Si el patrón es de Cheyne-Stokes con enfermedad cardíaca, la decisión ya no es solo del especialista del sueño: la fracción de eyección determina qué equipos están permitidos y cuáles no. Es imprescindible que el cardiólogo participe.
Lo que nunca debe hacerse es subir la presión por cuenta propia ni interrumpir la terapia porque los números de la aplicación no acompañen. La apnea central es precisamente el escenario en el que las decisiones intuitivas salen mal.
